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Dani Alés: "Cervantes era un tipo que encajaba de manera poética su derrota, y eso tiene que ver con nosotros, todos somos unos perdedores"

Dani Alés

16.11.2016

El cómico Dani Alés, uno de los monologuistas más prolíficos y originales del canal de TV Comedy Central, aborda, con su afilada ironía y su erudición canalla, algunas de las claves cervantinas, en su monólogo No leáis el Quijote, en el marco de los 'Encuentros con Cervantes', que organiza la Diputación de Ciudad Real.

Pregunta. No leáis el Qujote es un monólogo entre lo canalla y lo erudito, lo apologético y desmitificador, lo hilarante y patético, háblame sobre el proceso de creación para que el que supongo que ¿ha sido de ayuda su doble vertiente de cómico y doctor en Literatura a fin de lograr dicho equilibrio?

Respuesta. Al final no puedes evitar ser quien eres, pero parto de una lectura personal, desnuda, por así decirlo: no es un doctor el que lo lee, sino un lector. Es sorprendente el contraste entre la propia idea que tienes del libro con lo que después te encuentras; y luego está dicha lectura puesta a dialogar con la visión reciente que uno tiene de ciertas actitudes y conductas, y que pueden llevarte a ver a Alonso Quijano de una manera más crítica, menos entusiasta.

P. Este monólogo tiene ese punto irónico de sarcasmo, ¿a los españoles nos gusta este tipo de burla ácida, mordaz?

R. No sé si es algo idiosincrático, es decir, si es por ser españoles, esa afirmación igual vale también para otras nacionalidades; yo creo que de lo que se ocupa siempre el humor es de verter una mirada nueva sobre algo: tiene que haber sorpresa para que haya comedia, y, en ese sentido, el Quijote es una obra tan manoseada, aunque sea de forma entusiasta, que todo lo que sea decir algo diferente, aunque sea equivocado, siempre será como una bocanada de aire en medio de ese asfixiante “lo de siempre”.

P. En este monólogo también introduces magia, ¿intentas que el público sea un poco como don Quijote y vea lo que no es?

R. La verdad es que la idea de llevar magia es porque como es un texto que no he hecho en ningún otro sitio tengo miedo de que empiece a salir mal y lo relleno con magia (risas); luego ya le podemos encontrar cualquier explicación, lo cual es algo muy cervantino, como cuando Sancho pregunta qué van a comer y don Quijote le dice que los caballeros se alimentan de las hierbas que hay en el camino, y Sancho le justifica que como él no es caballero mejor va a comer un queso que tiene en el zurrón, y don Quijote le dice que como es su amigo se va a rebajar a comer queso en vez de lo que comen los caballeros; o sea que eso de justificar como sea el hecho de hacer lo que a uno le venga en gana ya lo encontramos en Cervantes.

P. ¿Qué reto ha supuesto para ti este proyecto con respecto a otros?

R. El principal, y creo que es el más complicado, es que en comedia, para poder construir el discurso cómico, hay que partir de un referente común, entonces el problema es que si se desciende mucho al texto puro y duro, se puede perder a la gente que no lo ha leído, y es un equilibrio difícil porque la realidad es que mucha gente no lo ha leído. La manera que tengo de vacunarme de eso es recapitular y contar la historia en la que me baso para que a nadie le pille por sorpresa, pero, claro, a veces hay alusiones que no se pillan… Ahí es cuando hago magia (risas).

P. ¿Cuándo leíste el Quijote al completo por primera vez?

R. En el cole no, pero en la carrera tuve una asignatura dedicada al Quijote y ahí me leí la primera parte, y después trabajé con un cervantista con el que colaboré en una edición  paleográfica sobre las tres primeras ediciones, con Florencio Sevilla, y, ya que estaba, lo leí entero, e incluso dos veces seguidas, porque me moló mucho, sobre todo la segunda parte, que era la que no conocía, aunque también me gustó más el personaje de Alonso Quijano en la segunda parte que en la primera. Y recuerdo que la primera vez que lo leí me reí, y para este monólogo me lo he vuelto a leer y no me hizo tanta gracia, o sea que ha cambiado claramente mi forma de verlo.

P. Quizá ¿porque nosotros mismos cambiamos, y por eso en cada momento el Quijote tiene una lectura diferente?

R. Sí, eso es así, pero no solamente desde un punto de vista individual, sino que a lo largo de la historia se ha leído de diferentes maneras. En el siglo XVII está claro que lo recibían como un libro gracioso, y tal vez no le daban la trascendencia filosófica del que se ha embadurnado el texto a lo largo del siglo XX, y no digamos ya ahora, que es una especie de monstruo enorme del que tantos críticos hablan; digamos que la visión cambia con la perspectiva y con los tiempos.

P. ¿Por qué recomendarías leer o no leer El Quijote?

R. El título [No leáis el Quijote] es una provocación, una maniobra retórica para que la gente lo lea; esto que se dice de que no hay libro malo es cierto, y si al hecho que supone leer un texto tan complejo, porque está escrito en castellano antiguo con tantas anotaciones que dificultan la lectura, le añades el decirle a la gente que lo lea… no creo que lleve a su lectura, de ahí la idea del título totalmente al contrario. Creo que es una lectura sorprendente e inspiradora, la lectura privada e individual del texto que escribió Cervantes, no participar de este frenesí institucional en torno al Quijote, que se ha convertido en una marca y lo aleja de lo que realmente es su autor: un tipo que encajaba de una manera poética o creadora su propia derrota y eso creo que sí que tiene que ver mucho con cada uno de nosotros: todos somos unos perdedores.

P. Al final, ¿la libertad, la creatividad, la verdad reside en cada uno de nosotros y en nada más?

R. Que pregunta más difícil. Al fin y al cabo, Don Quijote es un antihéroe, e igual que el héroe representa a quien nos gustaría parecernos, en el antihéroe es en quien nos reconocemos, y creo que está bien por lo que tiene de descubrimiento de la verdad de uno en el otro. Esto en mi caso tiene una relación directa con el stand-up comedy [monólogos] porque el monologuista es un antihéroe y la comedia le sirve precisamente como catalizador de ese reconocimiento, hay una epistemología detrás de la comedia. Creo que leer el Quijote es una oportunidad de conversar con lo que escribió el auténtico Cervantes, es una elevada ventana que da a un paisaje impresionante, y solo por el hecho de tener acceso a eso, solo por curiosidad, yo me asomaría.

P. Entonces, finalmente, ¿dónde reside la verdad, en los demás o en ti mismo? ¿Existe la realidad?

R. Esa es la cuestión (risas). Borges decía que la historia no es lo que ocurrió, sino lo que uno cree o recuerda que ocurrió, y luego Oscar Wilde decía que la historia es la mentira encuadernada. Bueno, no sabemos cuál es la verdad, quizá sólo se trata de una forma de mirar. En realidad, creo no hay ninguna verdad, simplemente hay otros modos de equivocarse.

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